ya no queda lugar para brujos ciencia bunge

Sospecho que todos nos encontramos prestos a perder cualquier cosa menos la razón, puesto que esta es, según Aristóteles, la característica propia del humano. De ahí que, las patologías mentales son las que mucho más amedrentan y también intrigan. Y por exactamente el mismo fundamento los hechiceros y alienistas siempre y en todo momento han disfrutado de enorme prestigio, si bien raras veces fueron eficientes. Por poner un ejemplo, a fines del siglo XIX Charcot se realizó celebre para hacer un diagnostico y «sanar» lo que llamó “histeria” femenina realizando presión sobre los ovarios, y la masculina pulsando los testículos. (En casos graves, Charcot extirpaba el útero.) Sus tutoriales en la Salpetriere eran frecuentados por la flor y nata de la necrología europea, introduciendo Freud. Absolutamente nadie vaciló de la seguridad de los diagnósticos de Charcot ni de la efectividad del régimen. La ineficacia de los alienistas fue proverbial hasta mediados del pasado siglo, en el momento en que se descubrieron los primeros psicofármacos capaces de calmar los sufrimientos de esquizofrénicos, depresivos y obsesivos. La ineficacia de la psiquiatría fue tema del fantástico relato El alienista, de Machado de Assis, el principal creador de la literatura brasileira, inmerecidamente ignorado por la gran mayoría de los que leen en lengua castellana. ¿A qué hay que la ineficacia de la psiquiatría hasta hace medio siglo? Edward Shorter, instructor de Historia de la Medicina en la Facultad de Toronto, nos ofrece la contestación a su impresionante tratado A History of Psychiatry, de 1997. Es conocido que los primitivos explicaban la disparidad como obra de espíritus malvados que se apoderaban del tolerante. Siendo de esta forma, el antídoto se encontraba a la visión: encargarle al brujo o sacerdote de turno que exorcizase esos espíritus malvados o invocara espíritus buenos. Hipócrates de Kos, el padre de la medicina, no creía en espíritus sino más bien en cosas materiales. El examen de lesiones del cerebro lo había convencido de la realidad de la hipótesis de Alcmenón, según el que los procesos mentales son procesos cerebrales. No obstante, las anomalías de la salud mentales han de ser anomalías de la salud del cerebro. Esta hipótesis, extensamente afirmada por la neurociencia moderna, no soluciona el inconveniente siquiátrico, pero al menos asiste para proponerlo apropiadamente. El inconveniente de la psiquiatría ya hace 2 siglos es arreglar los mecanismos cerebrales que se descompusieron por cierto motivo preciso: químico, celular o ambiental. Primero entender el cuerpo, después tratarlo. Esta es la consigna de la psiquiatría biológica, en contraste a la chamánica. Shorter relata, en prosa clara y amena, de qué manera la psiquiatría biológica se encontraba ahora establecida en 1900 en el momento en que logró irrupción el psicoanálisis, que ignoró el cerebro. (Yo agregaría que poco después dominó en psicología en fase de prueba otra escuela acéfala: el conductismo, que se restringe a ver las formas de proceder.) A qué hay que el éxito comercial y cultural del psicoanálisis, que dominó la psiquiatría estadounidense hasta precisamente 1970? Shorter relata 2 causantes. Uno es que los siquiatras biológicos hallaron poquísimo pues pretendieron ver la disparidad en el microscopio. Este medio es bastante ramplón, salvo en la situacion de la patología de Alzheimer, o demencia senil, que va acompañada de modificaciones celulares y también intracelulares gigantes. Terminado hacia 1970, con la invención de métodos refinados de visualización del cerebro vivo (PET y MRI), ha podido descubrirse, entre otras muchas cosas, que la depresión prolongada va realizando la masa encefálica. Aún de esta forma, todavía queda bastante por caminar hasta conseguir signos fiables de las distintas anomalías de la salud mentales. Tampoco se tiene una clasificación admitida por todos y cada uno de los especialistas. Un segundo aspecto del éxito comercial y cultural del psicoanálisis fue la sepa de psicofármacos eficientes antes del hallazgo de la clorpromazina en la época del pasado siglo. No es que los psicoanalistas curaran, sino hallaron un vacío. Este vacío era doble: la ciencia no curaba ni estudiaba las conmuevas ni las pasiones, en especial el exitación y el mal, el cariño y el odio. Las fantasías desbocadas de los psicoanalistas llenaron ese vacío y brindaron empleo lucrativo a cientos de individuos sin capacitación científica. La psiconeurofarmacología marcó el objetivo de la etapa chamánica de la psiquiatría. El Prozac y sus familiares químicos van a sustituir el diván. Y los asilos echaron a la calle a centenares de miles de pacientes. Prácticamente todos estos se reincorporaron a la vida habitual. Pero han quedado fuera varios cientos de enfermos que no desean o no tienen la posibilidad de medicarse. Estos individuos viven solos, desprotegidos, desempleados, ahora menudo intoxicados. Se les ve pululando por las aceras de las enormes urbes. Bastante de lo que antes se gastaba en pisquiátricos el día de hoy se gasta en seguridad pública. Shorter encomia a la industria farmacéutica por haber impulsado los estudios de psicofarmacología con mucho más vigor y efectividad que la facultad. Pero demanda asimismo los abusos. Uno de estos abusos es la invención así de trastornos, como el pavor, que frecuenta nombrarse “patología de Upjohn”, la firma que fabrica la píldora pertinente. Otro abuso es haber impulsado lo que Shorter llama «hedonismo farmacológico», es decir, la búsqueda de la alegría en la farmacia. La píldora asiste para olvidar desgracias, pero de todos modos solo el trabajo y el cariño tienen la posibilidad de ofrecer felicidad. Al sociólogo de la medicina le interesarán asimismo las paginas que Shorter dedica al movimiento llamado “antipsiquiatría”. Este movimiento fue iniciado hacia 1960 por Michel Foucault, Thomas Szasz, Ronald Laing y Erving Goffman. Su proposición es que los trastornos mentales son una invención de las autoridades para reprimir a la multitud. Por supuesto, los antipsiquiatras niegan en sus cerebros. ¿Van a pensar, como los viejos egipcios, que la función del cerebro es segregar mocos? (De ahí que los embalsamadores egipcios preservaban en vasos canópicos todos y cada uno de los órganos del difunto salvo el cerebro.) ¿O van a creer, como Aristóteles, que su función concreta es enfriar el cuerpo? La historia que relata Shorter tan bien se comprende aún mejor a la luz de la vieja disputa filosófica sobre la naturaleza del alma (o psique o cabeza en su versión laica). Es evidente que mientras que los exorcistas, psicoanalistas y antipsiquiatras niegan en el cerebro, los siquiatras biológicos (y los industriales farmacéuticos) piensan que los trastornos psíquicos son anomalías de la salud del cerebro. Esta hipótesis es la raíz filosófica del éxito fenomenal de la novedosa psiquiatría. Sería, ya que, justo que los desarrolladores de psicofármacos patrocinan los estudios filosóficos de la hipótesis de que todo lo mental es cerebral. Esto no supone que todos y cada uno de los trastornos mentales deban tratarse a través de el escapel, el choque eléctrico o la sustancia. Los trastornos inferiores, como las fobias, tienen la posibilidad de tratarse con la palabra. Tras todo, al pasar del oído al cerebro y transformarse en ideas o imágenes, las expresiones provocan procesos neuroquímicos que tienen la posibilidad de entorpecer con procesos cognitivos o emotivos. De ahí la efectividad de la terapia cognitiva, si bien de forma frecuente deba complementarse con la psicofarmacológica. Como conclusión, la psiquiatría se transformó en científica al aceptar que los trastornos mentales son tan reales y específicos como los digestibles, por ser disfunciones cerebrales. Por el momento no queda sitio aceptable para hechiceros ni para chamanes. Si no es la política.

Mario Bunge biografía corta

Mario Bunge nació en el Enorme Buenos Aires el 21 de septiembre de 1919. Fue instructor de Física Teorética y Filosofía, primero en la Facultad de La Plata y después en la Facultad de Buenos Aires. Hoy día era instructor de lógica y metafísica en la Facultad McGill (en Montreal), donde daba clase desde 1966.

En 1938, con menos de 20 años, fue principal creador y dirigente de la Facultad Obrera Argentina , que llegó a tener mucho más de 3 mil alumnos antes de ser clausurada por el peronismo en 1943. Bunge, que controlaba la lengua inglesa, la lengua francesa y la lengua alemana, asimismo dio clases en decenas y decenas de universidades americanas y de europa.

Mario Bunge: Trabajo y reconocimientos

  • Recibió mucho más de 20 doctorados honoris causa.
  • Escribió mucho más de 70 libros en su historia.
  • Fue principal creador de la gaceta de filosofía Minerva (1944-45) y cofundador de la Asociación Rioplatense de Lógica y Filosofía Científica (1956).
  • Publicó en 1959 “Causality: The Place of the Causal Principle in Modern Science“, con una teoría que protege el determinismo.
  • Un trabajo de enorme encontronazo académico fue “Scientific Research”, anunciado en 1967, entre otros muchos, traducidos a prácticamente 20 lenguajes.
  • Por ejemplo distinciones, recibió el Guggenheim Fellowship y el Premio Ludwig von Bertalanffy.

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