Vacuna

La palabra vacuna procede del latín vaccinia, que significa perteneciente o relativo a las vacas. Se trata de una técnica de inoculación desarrollada por el médico inglés Edward Jenner a finales del siglo XVIII.

 

Las vacunas funcionan según un principio que consiste en que al introducir en un organismo vivo una muestra controlada de un virus, dicho organismo desarrolla por sí mismo los anticuerpos necesarios para resistir una posible exposición posterior a este virus, creando lo que se conoce como inmunidad.

 

El descubrimiento de las vacunas

 

Jenner realizó su hallazgo al observar que los trabajadores del campo que tenían contacto con el ganado vacuno por alguna razón no eran afectados por la viruela, enfermedad de muy vieja data, que para aquél entonces mataba a cientos de miles de personas en todo el mundo.

 

Lo que en realidad sucedía era que estas personas, al manipular ganado infectado con un tipo específico de viruela que solo atacaba a su especie, desarrollaban en su propio organismo anticuerpos que evitaban el contagio.

 

Tras una serie de experimentos en los que se inoculó la viruela vacuna en humanos, Jenner comprobó la veracidad de su hipótesis. Sin embargo, él mismo no tenía idea de qué era lo que protegía a las personas de la enfermedad, ya que para la época no se sabía aún qué cosa eran los virus.

 

Las vacunas modernas

 

Casi cien años después del descubrimiento de Jenner, el químico francés Louis Pasteur desarrolló y expuso su teoría de las enfermedades infecciosas, en la que demostró que estas enfermedades eran transmitidas por pequeños microorganismos llamados gérmenes.

 

A partir de 1880, año en que Pasteur realizó y publicó sus hallazgos, se desarrollaron en un corto período de tiempo seis diferentes vacunas contra enfermedades infecciosas como el ántrax, cólera, tétanos, rabia, difteria y diarrea crónica.

 

Sin duda Pasteur fue un científico que contribuyó decisivamente al desarrollo de las vacunas modernas y de hecho fue quien les otorgó su nombre, en homenaje a los experimentos con la viruela vacuna realizados por su antecesor Jenner un siglo atrás.

 

El desarrollo de nuevas vacunas

 

Ya en el siglo XX, las investigaciones a partir de los experimentos de Pasteur y de su ayudante Charles Chamberland permitieron el desarrollo de una serie de vacunas contra enfermedades que aquejaban a la humanidad desde hacía muchos años e incluso siglos.

 

Es así como se fueron descubriendo sucesivamente las vacunas contra el sarampión, la rubeola, la tuberculosis, la hepatitis B o la poliomelitis, mejorando de manera significativa las condiciones de salud de millones de personas.

 

En el caso de la poliomelitis, enfermedad causada por el llamado poliovirus, se trata de una infección que afecta principalmente a los niños y que causa parálisis y atrofia muscular. Sería a mediados de los años cincuenta del siglo XX cuando el norteamericano Jonas Edward Salk descubrió la primera vacuna inyectable, mejorada posteriormente por el virólogo Albert Bruce Sabin y administrada exclusivamente por vía oral.

 

Importancia de las vacunas

 

En la actualidad existen una gran cantidad de vacunas probadas científicamente que se aplican principalmente a los niños en edades tempranas, según calendarios establecidos de vacunación.

 

Gracias a ellas, el sistema inmunitario del ser humano se fortalece y produce inmunización completa contra variadas enfermedades, lo que ayuda a salvar anualmente de dos a tres millones de vidas en todo el planeta, según cálculos de la Organización Mundial de la Salud.

 

Aunque en muy contados casos las vacunas pueden provocar reacciones adversas, tales como fiebres ligeras y dolores musculares en el área de aplicación, sus beneficios son incuestionables y representan para la humanidad un enorme logro en el combate contra infecciones mortales de origen viral o bacteriano.

 

 

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