Semana Mundial de Concienciación sobre el uso de los Antimicrobianos

Los antibióticos son las armas más poderosas que tenemos contra las infecciones bacterianas, pero se están utilizando en exceso y están perdiendo su eficacia. Esta semana les pido que se unan a mí para proteger nuestros antibióticos, porque juntos podemos luchar contra esta amenaza y asegurarnos de que estos medicamentos que salvan vidas sigan existiendo para las generaciones futuras.

Deshazte de las excusas.

  • Los antibióticos no son una cura para todo. Los antibióticos sólo son eficaces contra las infecciones bacterianas, como la faringitis estreptocócica o las infecciones de oído. No son eficaces para las infecciones víricas, como el resfriado común, la gripe o la mayoría de las toses y los dolores de garganta.
  • No cedas a las excusas. La gente suele utilizar excusas para justificar que no necesita tomar los antibióticos según lo prescrito: «Puedo sentirme mejor sin tomarlos, así que dejaré de tomarlos cuando me sienta mejor». O «puedo tomar más de una dosis a la vez porque mi médico dice que está bien que lo haga ahora». Ambos son ejemplos de cómo la gente intenta racionalizar el hecho de librarse de sus miedos a la hora de usar los antibióticos de forma adecuada, inventando razones por las que creen que los médicos estarían de acuerdo con lo que ellos quieren en lugar de seguir sus instrucciones sólo porque se las ha dado su médico o farmacéutico.*

Conozca los hechos.

Durante la Semana Mundial de la Concienciación sobre los Antimicrobianos, tenemos que aclarar los hechos y hacer las cosas.

En primer lugar, reconozcamos que la resistencia a los antibióticos es un problema enorme: podría matar a más personas que el cáncer en 2050. Y está empeorando, ya que más del 70% de las bacterias que causan infecciones asociadas a la atención sanitaria son ahora resistentes a algunos antibióticos. Así pues, si puede sacar algo en claro de esta semana, debería ser que necesita saber cuál es el problema para poder encontrar soluciones por sí mismo.

Como parte de este esfuerzo, también creo que todos los profesionales de la salud deben ser «conscientes de los antibióticos», lo que significa saber con qué frecuencia prescriben estos medicamentos (y otras veces cuando pueden ser necesarios), entender sus riesgos y beneficios y la forma en que funcionan en nuestro cuerpo, saber cuándo son necesarios o innecesarios… ¡y asegurarse de que sus pacientes también lo sepan! Es más fácil que nunca gracias a sencillas herramientas online como ASK-ID™ (https://askidonline.com/) o eAntibiotics® (http://www.eantibiotics.com/).

Por último, pero no menos importante: Todos debemos actuar siendo conscientes nosotros mismos de lo que utilizamos cada día durante nuestra vida -los alimentos que comemos, por ejemplo-, así como hablar de estos temas abiertamente con otras personas de nuestro entorno para que todo el mundo se informe sobre lo que realmente importa primero aquí en casa antes de preocuparse por otros lugares.»

Forma parte de la solución, no del problema.

  • Obtenga una prescripción de antibióticos sólo cuando los necesite. Los antibióticos no son una cura para todo y pueden tener efectos secundarios no deseados.
  • Pregunte a su médico si existen otras opciones (por ejemplo, remedios sin receta). En muchos casos, éstos funcionarán igual de bien sin el coste añadido de una prescripción innecesaria.
  • No comparta sus antibióticos con nadie. La resistencia a los antibióticos se produce cuando las bacterias cambian en respuesta a un antibiótico; no se transmite como el virus de la gripe, sino a través del contacto con personas que han estado expuestas a esa cepa específica de bacterias o gérmenes varias veces antes de ser tratadas por primera vez con el medicamento en cuestión. Si uno mismo toma antibióticos, pero luego los comparte con otras personas que quizá no los necesiten en todo momento, está haciendo más daño que bien: no sólo llevará a las personas a pensar que deben tomar antibióticos cada vez que se sientan enfermas sin consultar primero a su médico; sino también porque este tipo de comportamiento puede aumentar las tasas de resistencia en todas las poblaciones a lo largo del tiempo debido a la exposición repetida a través de productos médicos compartidos, como las píldoras (lo cual es especialmente peligroso ya que los gérmenes pueden transmitirse a través del tacto). Lo más importante en este caso es la higiene: lavarse las manos con frecuencia a lo largo de cada día utilizando agua caliente y jabón; evitar tocarse la cara o la boca después de entrar en contacto con superficies en las que puedan proliferar los gérmenes (especialmente los pomos de las puertas); limpiar las encimeras después de preparar alimentos que contengan productos cárnicos crudos, como las pechugas de pollo.

Los antibióticos pierden eficacia cada vez que los usamos en exceso, y los estamos perdiendo a lo grande

La conclusión es que los antibióticos pierden su eficacia cada vez que los usamos en exceso, y los estamos perdiendo a lo grande.

Como resultado de esta pérdida de eficacia, las bacterias resistentes a los antibióticos se están imponiendo. Estos gérmenes son capaces de sobrevivir a la embestida de los antibióticos y seguir causando infecciones en las personas que los toman, incluso cuando se los recetan correctamente.

Conclusión

La buena noticia es que haciendo pequeños cambios, podemos marcar una gran diferencia. Con estos sencillos consejos, todos podemos ayudar a proteger nuestro cuerpo y el mundo que nos rodea de los peligros de la resistencia a los antibióticos.

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