Reflexión del Día de los Veteranos: ¿Es hora de recuperar el reclutamiento militar?

Por Scott Spangler el 14 de noviembre de 2022

Combine la tasa de desempleo históricamente baja con décadas de conflictos que los ciudadanos no pueden recordar, enumerar, explicar o incluso reconocer saber sobre ellos en primer lugar, y no debería sorprender que los voluntarios están ignorando las súplicas de ayuda de las fuerzas armadas de EE. UU.. Lo que agrava el problema es que este grupo potencial de mano de obra militar se reduce aún más cuando te das cuenta de cuán pocos pueden pasar el examen físico debido a la obesidad y los problemas de salud relacionados. La solución parece clara: restablecer el sorteo de lotería para hombres y mujeres sin aplazamientos para nadie. Los beneficios de tal movimiento, como muestra la historia, van mucho más allá de las necesidades de personal militar.

En el último sorteo que tuvo este país, gané la lotería con un número bajo, muy por debajo del incremento de quién recibiría una carta de saludo del comandante en jefe. Al igual que miles de personas que se enfrentaron a la lotería durante la década de 1960 y principios de la de 1970, tenía tres opciones: esperar a que llegara mi aviso de reclutamiento, ir a Canadá o alistarme en otro servicio, y elegí la Marina. Lo que me unió a todos los demás que se enfrentaron a la lotería es que, de una forma u otra, todos teníamos el pellejo en el juego. Los conflictos en los que nuestros funcionarios electos introdujeron al país importaban porque seríamos nosotros quienes pagaríamos el precio por enfrentar al enemigo indicado.

Cuando una fuerza de voluntarios lucha por Estados Unidos, aparte de las familias de quienes sirven, sus ciudadanos no tienen nada en el juego. Su única contribución es patrocinar a cualquiera que haya servido en cualquier rama de las fuerzas armadas con el patriotismo percibido de «Gracias por su servicio», el equivalente banal de «Que tenga un buen día». ¿Cómo se sentirían esos ciudadanos acerca de tal servicio y los conflictos que persiguieron sus funcionarios electos elegidos, si existiera la posibilidad de que, sin excepción o excusa, sus hijos e hijas pudieran ser los que pagaran el precio final? Tal vez entonces serían un poco más perspicaces en sus selecciones electorales y más decididos a hacer que sus elecciones rindan cuentas por sus decisiones en nuestro nombre. –Scott Spangler, Editor


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