¿Qué es la metafísica?

La «Metafísica» de Aristóteles es una de las obras filosóficas más importantes, no sólo en las enseñanzas del autor, sino también en toda la filosofía europea. Por ello, los grandes filósofos siempre se han inspirado en él y lo siguen haciendo en la actualidad.

 

La Metafísica fue la base de toda la filosofía de St. Thomas, y luego toda la escuela tomista y neotomista. Pero, la pregunta básica de la metafísica ¿por qué sigue siendo tan importante y fundamental en la actualidad? Continúa leyendo para más detalles.

Análisis de la metafísica de Aristóteles

Aristóteles en el libro Gamma «Metafísica«, pronuncia palabras muy significativas que presagian una nueva tendencia filosófica con una orientación diferente. Estas palabras son las siguientes: «Hay una ciencia que examina al Ser como tal y sus atributos esenciales».

La metafísica como ciencia se ocupa del estudio del ser, que fue la conclusión de los análisis de su obra anterior (la «Física»). La metafísica, como ciencia, es una continuación de la investigación y el análisis físicos.

El mismo nombre de «metafísica» no fue inventado por el propio Aristóteles. Pero, solo comenzó a funcionar después de su muerte. Recordemos que, con el paso del tiempo, también pasó a llamarse ontología.

El padre de esta ciencia es el propio Aristóteles, porque lógicamente fue el primero que decidió crearla. Esta ciencia no tuvo predecesores, y sobre esta base Aristóteles fue un pionero. El propio estagirita llamó a la metafísica la primera filosofía y también teología.

En ocasiones, la filosofía se ha comparado con un suelo que necesita ser cultivado, en donde la ética era el fruto de este cultivo, mientras que la física era la tierra y el árbol.

Aristóteles vio y enumeró tres tipos de cualidades: natural, innata y adquirida. Es que cada ser puede ser estudiado y considerado desde varios puntos de vista: sustancia, calidad y cantidad, así como desde el punto de vista de potencialidad, actualidad y acción.

En «Metafísica«, también se mencionan 4 tipos de unidades: la continuidad natural, el todo, la individual y la total.

Origen del nombre metafísica

El origen del término metafísica está ligado a la obra de Aristóteles y al destino de sus escritos tras su muerte. Recordemos que Aristóteles agonizante, dejó su biblioteca al discípulo Teofrasto.

Además de las obras ya conocidas o publicadas) de otros filósofos y del propio Aristóteles, también se contenían los escritos privados del maestro, reservados para el estrecho círculo de discípulos, incluido ese grupo de tratados que más adelante ser conocido con el nombre de Metafísica.

A su vez, muriendo, Theophrastus dejó la biblioteca de Aristóteles a Neleus, un discípulo de ambos. Luego, la transportó a Scepsi, en Troad, su tierra natal.

Aquí, sus herederos, para salvarlo de la investigación de los reyes de Pérgamo y Alejandría, los cuales pretendían enriquecer sus colecciones comprando todas las obras importantes que pudieron conseguir, escondieron los escritos en un sótano.

Luego, este lugar fue abandonado y casi ignorado hasta hacia el 100 a.C., año en que el bibliófilo Apellicone lo descubrió, lo compró y lo llevó a Atenas.

Cuando en el 86 a. C. Silla conquistó la ciudad, hizo traer los preciosos manuscritos a Roma, donde fueron confiados a Andrónico de Rodas, para que se hiciera cargo de la edición completa.

Luego, empezó a catalogarlos y dividirlos en apartados y, como tras ordenar las obras de física se encontró ante un grupo de 14 folletos sin nombre, decidió llamarlos «los libros que vienen después de la física».

Ese nombre, originado de manera tan casual, en realidad correspondía al contenido de los volúmenes. De hecho, se trataba de realidades, cualidades, perfecciones, sustancias, seres que no se hallan o que no necesariamente se restringen al mundo físico, sino van más allá, es decir, son «metafísicos». Todo esto constituyó para Aristóteles la «primera filosofía«.

De ahí que el nombre de «metafísica«, dado por casualidad a un grupo de sus obras, haya pasado con razón para designar esa parte de la filosofía que se ocupa de las causas últimas, de los supremos principios constitutivos de las cosas.

Definición de la metafísica

Hay muchas fórmulas que han propuesto los filósofos para definir la metafísica. El propio Aristóteles, uno de los creadores de esta disciplina, la define de dos formas:

  • Una «ciencia que estudia el ser como tal y las propiedades que necesariamente lo acompañan«

  • Una «ciencia que explora las primeras causas y primeros principios«.

Heidegger, en cambio, define la metafísica como «inmersión de la propia existencia en las posibilidades fundamentales de ser considerado en su totalidad».

Por otro lado, Severino la define como un lenguaje que expresa la relación de las entidades con la totalidad de la entidad.

La lista de definiciones aún podría continuar, pero las relatadas son suficientes para indicar cuál es la preocupación que da vida a la investigación metafísica: descubrir el fundamento último de las cosas.

De todas las definiciones de la metafísica, en la que hay mayor consenso es el «estudio de la entidad como entidad«. De ahí la tendencia a identificar la metafísica con la ontología.

Pero, esta identificación es ilegítima, porque la metafísica es la búsqueda del fundamento, es decir, lo que explica lo real, todo lo real, de manera exhaustiva, concluyente y definitiva.

Por lo tanto, la metafísica debe definirse como la búsqueda de causas últimas o del primer principio.

Para llegar a las causas últimas de los fenómenos que caen bajo nuestra observación, es necesario dejar este mundo, ir más allá, «tomar conciencia de que este mundo no lo es todo» (Wittgenstein).

Por ello, la metafísica se da cuando se logra una superación absoluta del mundo de la experiencia.

Importancia y necesidad de la metafísica

De lo dicho se desprende no solo la importancia de la metafísica, sino también la necesidad de la misma.

Para el hombre, la metafísica es una necesidad biológica, es decir, es una necesidad natural, primaria y fundamental, como la de comer, dormir o vestirse.

El hombre es naturalmente metafísico (un animal metaphysicum como lo llama Schopenhauer), porque está dotado no sólo de cuerpo sino también de alma y de espíritu.

Ahora, el espíritu va necesariamente más allá de lo físico, de la materia, de la naturaleza, supera las barreras del espacio-tiempo y penetra en lo trascendente: «La sed natural que nunca satisface», mueve la razón humana a querer explicar los enigmas del mundo.

El hombre que renuncia a la metafísica, sin duda vuelve a caer en la animalidad. Hacer metafísica es preguntarse el por qué de las cosas y los sucesos de este mundo: esta es la actividad principal, específica y propia del hombre.

De hecho, el hombre no es sólo un «registrador» de los acontecimientos que lo rodean, o un ordenador muy poderoso, o solo es memoria y fantasía: el hombre también es una razón, y esta capacidad le lleva a plantear interrogantes y a buscar el por qué de todo lo que existe y de lo que sucede.

Por eso, el hombre no se limita a notar que todas las cosas cambian, sino que se pregunta por qué cambian; no se contenta con observar que todos estamos sujetos a la muerte, pero se pregunta por qué morimos.

No solo observa que hay un orden maravilloso en el universo, sino que cuestiona su origen. Además, no solo observa que en nuestra sociedad hay es una gran maldad y profunda corrupción, también quiere descubrir las razones y buscar soluciones a esta situación.

Hacer metafísica significa hacer exactamente eso: plantear cuestiones radicales, últimas y concluyentes, y tratar de proponer soluciones aceptables desde el punto de vista de la razón.

El mismo Kant admitió que, la metafísica no es una invención arbitraria de una época particular de la humanidad, sino un requisito fundamental de la razón humana.

Así, a pesar de la fuerte hostilidad que encuentra la metafísica en la última modernidad y la posmodernidad temprana, ninguno de los grandes movimientos filosóficos que reinan en el mundo contemporáneo ha logrado eliminarla: ni el análisis lingüístico, ni la nueva hermenéutica, ni la fenomenología, ni el personalismo, ni el marxismo.

 

¿Por qué se justifica la metafísica?

Incluso, si la reducción de la metafísica a la física no está evidentemente justificada, podemos preguntarnos si la metafísica no es simplemente más de lo mismo. ¿Tienen sus ventajas algún uso para otras disciplinas?

La generalidad de su tema, hace que las soluciones metafísicas sean populares entre los especialistas en otras disciplinas filosóficas. Esto puede demostrarse mediante consideraciones éticas.

Por ejemplo, muchos investigadores del problema de la responsabilidad moral o del aborto, se han enfrentado a la cuestión de qué constituye la identidad personal.

Si bien la respuesta incluye con frecuencia la biología o la psicología, el problema en última instancia pertenece a la metafísica.

Asimismo, cuando se trata de qué son estados mentales, valores o por qué en algunos casos la combinación de dos elementos produce un tercero, la metafísica toma más importancia.

Si las respuestas a estas y otras preguntas similares pudieran encontrarse en la ciencia empírica, bien podríamos haber evitado muchas disputas difíciles. Sin embargo, éste no es el caso.

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