por que las ciencias forman una totalidad distributiva

Es difícil ofrecer ejemplos del bien común, en tanto que es un principio filosófico. En cambio, tenemos la posibilidad de listar las ocasiones en las que el bien común priva sobre los intereses particulares, como:

  • La organización de jornadas vecinales de limpieza del vecindario.
  • La recolección de ropas, alimentos y también insumos para ciudades víctima de catastrofes naturales o en condiciones de pobreza absoluta.
  • La recolección de dinero para hacer proyectos recurrentes en un edificio o en una red social.
  • La pelea contra el cambio climático y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Symploké

Desde los capitales del Materialismo Filosófico, la noción de symploké puede definirse, en el sentido mucho más elemental, como una relación racional y múltiple de Ideas. La symploké remite siempre y en todo momento a un espacio racionalista y al menos tridimensional. Un espacio con 2 ejes vuelve imposible crear las figuras de un eje con independencia edificante del otro. No obstante, un espacio con tres ejes deja crear figuras bidimensionales abstrayendo de forma alternativa el tercer eje. Gustavo Bueno (1992) recobra este término platónico y lo transforma en una noción primordial de la gnoseología materialista.

De esta manera, organizadas con symploké, las ideas forman totalidades trascendentales. Totalidades, pues sus partes atributivas, los conceptos, quedan atrapadas. Trascendentales (no en sentido kantiano, relativo a traspasar los límites de una experiencia viable, sino más bien en el sentido de la lengua de españa, relativo a todo cuanto se prolonga y comunica ocasionando secuelas), por el hecho de que desbordan o trascienden todos los conceptos particulares que las forman. Como teoría literaria, el Materialismo Filosófico interpreta el espacio literario, donde se sitúan los materiales de la literatura, como una integridad de partes que, organizadas en symploké, se disponen consecuentemente como una integridad atributiva.

Los conjuntos, conjuntos, sociedades, organismos, construcciones, sistemas…, o sea, cualquier integridad puede ser atributiva o distributiva. Las totalidades atributivas se definen por la relación sinalológica entre sus partes, ya que su unidad procede de la composición entre partes diferentes. El aparato digestivo, las instituciones administrativas de un Estado, las categorías sintácticas de la novela como género literario (individuos, funcionalidades, tiempo y espacio) son totalidades atributivas que conectan o relacionan partes afines o diferentes entre sí.

Las totalidades distributivas se definen por la relación de analogía o semejanza entre las partes: un grupo de cerillas desperdigadas sobre una mesa es una integridad distributiva, como asimismo lo es la agrupación de todas y cada una de las universidades norteamericanas, o una antología de sonetos tradicionales como formas métricas uniformemente establecidas (catorce versos endecasílabos preparados en 2 cuartetos y 2 tercetos).

En una integridad atributiva, a cada una parte del todo se le asigna una función concreta, fundamental y también insustituible (lo que hace el hígado no puede llevarlo a cabo el pulmón). Totalidades atributivas son aquellas cuyas partes están similares unas con otras (pero no una con todas y cada una), ahora simultánea, ahora consecutivamente, en el instante de su participación en el todo.

En una integridad distributiva, un grupo de especificaciones recurrentes se distribuye de manera afín entre todas y cada una de las partes completamente. Totalidades distributivas son aquellas cuyas partes se detallan independientes unas de otras en el instante de su participación en el todo.

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