cuál era el símbolo del agua para la ciencia alquimista

El arte y la alquimia: un origen maldito Los alquimistas atribuían con gusto a su arte un origen maldito. Ahora Zósimo de Panópolis, entre los primeros alquimistas cuya personalidad se conoce con mayor o menor precisión, escribía en su Libro destinado a Imhotep: “Comentan las Santas Escrituras que hay un cierto género de diablos que tienen trato con mujeres. Hermes nos charla de esto en sus libros sobre la naturaleza. Las viejas y santas escrituras comentan que algunos ángeles, enamorados de amor por las mujeres, descendieron sobre la Tierra y les enseñaron las proyectos naturales; y de ahí que fueron expulsados ​​del cielo de la naturaleza y condenados a un exilio perpetuo. Del referido comercio nació la raza de los colosales. El libro donde se enseñaban las artes tiene por nombre Chyma, de ahí que el nombre aplicado al arte más especial”1.

Este artículo es esencial en tanto que nos enseña que, aparte de la alquimia, el resto de las artes tenían asimismo un mismo origen maldito. Esta opinión la reencontramos en el Libro de Enoch, según el que, los ángeles caídos apreciaron que “las hijas del hombre eran preciosas, eligiendo a mujeres entre ellas” y también instruyéndolas, no solo en las ciencias escondes, sino más bien asimismo en “la utilización de pulseras” y adornos, al de la cosmética, al de pintarse las cejas, al arte de usar las piedras hermosas y toda clase de tinturas y de esta manera fue que se corrompió el planeta”2 . La afinidad entre la alquimia y las artes actúa también en el reconocimiento por los alquimistas de Hermes Trismegisto como asegurador divino. Por otro lado, en razón de este patronaje, la alquimia fue calificada como ciencia hermética. Hermes, inventor de las ciencias y de las artes, fue asimilado al dios Thot por los helenos de Egipto. Estos se agradaban en rememorar que Hermes-Thot había anotado los preceptos de la ciencia en las estelas preservadas en el misterio de los santuarios egipcios, lo que proporcionaba a la alquimia el carácter de una ciencia revelada. Solo los curas y los reyes tenían sus claves y se transmitían sus principios. De aquí de ahora en adelante, la alquimia sería clasificada como arte real y sacro, inalcanzable para los profanos que, como ocurrió con las religiones mistéricas, se oponían a su esoterismo. Su lenguaje velado y enigmático no podía entenderse hasta terminada una extendida iniciación. Este carácter esotérico fue preciso por una Alejandría donde la alquimia se robusteció a lo largo de los primeros siglos de nuestra era. De hecho, sobre la enorme localidad de los Ptolomeos desembocó un caudal demasiado ecléctico de especulaciones filosóficas, técnicas místicas y ritos artesanales preservados por varios pueblos por medio de los siglos. Los ritos y mitos que siempre y en todo momento acompañaron a las artes del fuego vinieron a conjugarse con el asombroso sincretismo filosófico y espiritual que florecía entonces. La alquimia, todavía balbuciente, les asimiló con colosal prontitud. Fue fecundada por el pensamiento heleno mucho más refinado, sirviendo de mediadores a los neoplatónicos alejandrinos y las fuentes místicas orientales (caldeas o iraníes), aparte de las gnosis cristiana y pagana como técnicas de iluminación y salvación. A tan distintas influencias se añadió al final la de la Cábala judía. Es en el seno de este hogar de fermentación espiritual donde la alquimia adquirió paulativamente sus especificaciones para saber su edad de oro desde finales del siglo III. Se dieron a conocer entonces espectaculares seguidores como Zósimo, Sinesius u Olimpiodoro que la desarrollaron en sus distintas facetas filosóficas, místicas o científico-experimentales.

Alquimia y química

Es impresionante que al-kîmiya en árabe moderno se traduce “la química”, patentizando el ajustado nexo entre esta especialidad científica y la tradición alquímica. Esta última procuraba entender la activa de los materiales para editar (transmutar) unos en otros y conseguir no solo bienes, sino más bien asimismo antídotos y pociones.

En verdad, en el siglo XVII la alquimia era considerada una ciencia aproximadamente seria. Pensadores de la talla de Isaac Newton dedicaron gigantes porciones de su tiempo a su estudio, tal como a otros primeros científicos occidentales.

Adelantos hacia la era de los magos

Renacimiento de la alquimia

Con un enorme acelerador de partículas, en este momento es viable la transmutación de elementos, a un coste exorbitante y con proporciones minúsculas. Por otro lado, a inicios de 2017 un conjunto de teóricos de la Facultad de Princeton ha propuesto que para lograr que un elemento parezca oro, puesto que es suficiente con que refleje la luz del mismo modo. La iniciativa de los estudiosos fue emplear breves y poderosísimos pulsos de láser para cambiar los electrones de los átomos de la área de, afirmemos, un trozo de plomo, a fin de que se comporten como los del oro, si bien no dejan de ser átomos de plomo.

Planteo

Un conocimiento es fundamental para el hombre, y es lo que aparecía escrito en el templo de Delfos: “Conócete a ti y vas a conocer el cosmos y los dioses ”. La manera en que se plasma este conocimiento tiene bastantes nombres, pero hay uno que me agrada singularmente: la alquimia. Por el hecho de que la alquimia se distancia del personalismo y del subjetivismo, del ego, que es el enorme trabajo que corresponde al humano. Ya que, más allá de que es verdad que el hermetismo y la alquimia tienen relación con el hombre, nada está relacionado con lo que le sucede en su cotidianeidad.

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