Cómo tratar a un niño superdotado

Si alguien nos preguntara cómo tratar a un niño superdotado, la mayoría de nosotros no sabríamos bien qué contestar.

Y es que cuando se habla de niños superdotados, tendemos a imaginarnos a pequeñas eminencias que todo lo comprenden, que dominan precozmente disciplinas como la música, el dibujo o los idiomas y que son capaces de superar a los adultos en sus razonamientos e incluso en la toma de decisiones.

Nada más lejos de la realidad, ya que solo se trata de niños con capacidades superiores y, por tanto, como niños han de ser tratados. Eso sí, teniendo en cuenta su particularidad y orientando nuestros esfuerzos a que aprovechen correctamente su ventaja intelectual.

No hay que olvidar que, aunque un niño superdotado quizá pueda convertirse más fácilmente que otros en un adulto brillante, también tiene muchas papeletas para terminar siendo uno más del montón o un auténtico fracasado.

Cuándo se consideran niños con altas capacidades

Muchos padres de niños con altas capacidades ni siquiera son conscientes de que sus hijos sobresalen intelectualmente por encima de los demás. Por tanto, el primer paso es reconocer a los niños con inteligencia superior:

Técnicamente, se define como niño superdotado a aquel cuyo coeficiente intelectual (CI) es igual o superior a 130 puntos. Tengamos en cuenta que el valor promedio normalizado está en 100 puntos.

Por tanto, para tener la certeza de que nos encontramos ante un niño superdotado, el camino más corto es solicitar los servicios de un psicólogo para que efectúe algunas pruebas de validación del coeficiente intelectual, como el test Woodcock Johnson, la escala de inteligencia para niños de Weschler o el test Stanford Binet.

Adicionalmente, se utilizarán una combinación de pruebas de capacidad, incluyendo la revisión del rendimiento escolar del niño, sus actividades dentro y fuera del ámbito escolar, su creatividad y sus hábitos afectivos y de comportamiento.

Es necesario ser consciente de que no todos los niños superdotados destacan en las disciplinas de prestigio como la música, las matemáticas o las artes: la superdotación puede centrarse en una sola habilidad ajena al conocimiento y al aprendizaje, como pueda ser la propensión innata para hablar en público o para establecer relaciones sociales.

Y también puede ocurrir que el niño superdotado experimente un retraso escolar aparente, motivado por el aburrimiento y el hastío que le produce un ritmo de aprendizaje inadecuado para sus altas capacidades.

Cómo educar a un niño superdotado

Una vez que los profesionales nos confirmen que nos encontramos ante niños con inteligencia superior, es el momento de aplicar unas sencillas pautas educativas que incidirán positivamente en su aprendizaje, su bienestar emocional y sus habilidades sociales.

Estas pautas son válidas para padres y para profesores:

No olvidar quién es el adulto y quién el niño

Los niños necesitan sentirse seguros y protegidos. Un adulto que asume que un niño superdotado puede tomar sus propias decisiones está errando el tiro y socavando la confianza del niño en el adulto.

Las decisiones que han de ser tomadas por los adultos no deben delegarse en los niños, por muy «listos» que estos sean.

Proponer desafíos intelectuales

Los niños superdotados aprenden a trabajar menos que los demás desde los primeros cursos: logran lo mismo que sus compañeros con poco esfuerzo. Es conveniente incentivarlos para que tengan que esforzarse y emplear un tiempo extra en resolver algo.

Esto no significa sobrecargarlos de tareas o actividades ni atosigarlos para que eleven su rendimiento.

No centrarse en los puntos fuertes ni débiles del niño

Un error común es que se pretenda que el niño sea el mejor en aquello que se le da bien y que mejore en lo que no se le da tan bien, puesto que es superdotado.

Olvidémonos de la perfección total: un niño superdotado puede ser buenísimo en matemáticas y malísimo dibujando, o viceversa. Que sea superdotado no significa que tenga que ser bueno en todo.

Una presión excesiva agobiará al niño y puede hacerle entrar en una etapa de abulia y de bajo rendimiento general.

Reconocer las habilidades y los esfuerzos

Los niños superdotados necesitan el reconocimiento de sus capacidades y habilidades tanto como los que no lo son.

Si padres o profesores omiten el reconocimiento por considerar que sus capacidades superiores le facilitan la consecución de objetivos, corren el riesgo de que el niño no se sienta ni valorado ni querido.

Estos sentimientos de carencia pueden ser el germen de trastornos afectivos, baja autoestima y conductas antisociales.

No ponerlos jamás como ejemplo

En el extremo contrario, hay quien cae en el error de ponerlos como ejemplo ante sus hermanos, compañeros de clase, familiares o hijos de allegados.

Estas comparaciones son odiosas y tienen un doble efecto negativo: generarán antipatía por el niño en los demás y probablemente provocarán que este limite voluntariamente sus capacidades para no sobresalir demasiado o sentirse un bicho raro.

Enseñarles a planificar y a priorizar

Los superdotados pueden manejar, de forma simultánea, muchas más ideas que los demás. Por eso muchas veces tienen dificultades para decidir qué cosas hacer primero y para organizarse.

El querer hacerlo todo y querer hacerlo rápido les puede provocar estrés, angustia y sensación de atasco intelectual, especialmente en la preadolescencia y en la adolescencia.

Enseñémosles a distinguir lo importante de lo supuestamente urgente y a que se organicen mentalmente, estableciendo qué cosas son realmente prioritarias y cuáles no lo son.

Facilitarles información sobre sus capacidades y su coeficiente intelectual, pero evitando que se consideren superiores o «distintos»

Esto puede ser lo más difícil, por lo que para este punto resulta muy recomendable recurrir a un psicólogo: no se trata de que el niño se vea a sí mismo como un ser excepcionalmente inteligente, superior o «distinto», sino de que interiorice que es una persona totalmente normal que tiene un don que ha de aprovechar.

Para concluir, si no sabemos cómo tratar a un niño superdotado o empezamos a observar problemas de rendimiento académico, afectivos o de comportamiento, no esperemos que la cosa se solucione por sí sola: lo más efectivo es solicitar, cuanto antes, ayuda profesional cualificada.

 

 

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