¿Qué sabemos de la cara oculta de la Luna?

La observación de nuestro único satélite natural siempre nos ha influido y maravillado. Los pueblos americanos precolombinos adoraban a dioses que mantenían alguna relación con la Luna; en la antigua Mesopotamia estructuraron su calendario en semanas de 7 días, según algunos astrónomos por el ciclo lunar (que consta de 4 periodos de 7 días) y en China ya registraban los eclipses lunares en el siglo VIII a. C.

Hasta las observaciones con telescopio de Galileo Galilei en el siglo XVII se pensaba que la Luna era una esfera perfecta con una superficie totalmente lisa, como una bola de billar. Pero el astrónomo italiano observó que la línea de sombra en sus diferentes fases era irregular, achacando esta irregularidad a la presencia de valles y montañas. Muchos de sus coetáneos se llevaron las manos a la cabeza y se sintieron ofendidos por estas observaciones. Un caso curioso es el de Cesare Cremonini, que estaba tan ofendido que se negó a mirar por el telescopio. Tras su muerte, Galileo comentó sarcásticamente: “ahora que sube al cielo podrá ver todo aquello que no quiso mirar desde la Tierra con el telescopio”. Está claro que no eran muy amigos.

La cara oculta de la Luna siempre ha despertado nuestra imaginación, ha formado parte de tramas literarias, películas y temas musicales.

Por qué siempre vemos la misma cara de la Luna

Este hecho es debido a que la Luna rota sobre su eje al mismo tiempo que gira alrededor de la Tierra, invirtiendo en ambos movimientos 27,3 días. Por este motivo siempre presenta la misma cara hacia nuestro planeta.

Aunque no es cierto que podamos ver únicamente el 50 % de la superficie lunar. En realidad, podemos llegar a observar hasta un 60 % debido a pequeñas variaciones en la velocidad de nuestro satélite, a la inclinación de su eje y al movimiento de rotación terrestre.

¿Qué información tenemos de la cara oculta de la Luna?

La cara oculta de la Luna, es decir, la superficie lunar que no podemos observar desde la Tierra, se extiende sobre unos 15,5 millones de km². La otra forma que tenemos de referirnos a esta región lunar, el lado oscuro de la Luna, nos puede llevar a la confusión, ya que no hay ninguna zona en su superficie que no reciba la luz del Sol.

La primera imagen de la cara oculta de la Luna que llegó a nuestras manos fue recogida por la sonda soviética Luna 3 en 1959. Hasta ese momento nadie había visto la cara oculta de la Luna y se sabía muy poco acerca de su superficie. Hoy sabemos que tiene una orografía mucho más accidentada que la de su cara visible, salpicada de cráteres enormes, el mayor de ellos recibe el nombre de Apolo y tiene un diámetro de 520 km. Para que te hagas una idea de lo enorme que es, imagina un cráter desde Madrid hasta Málaga.

El último hito en la exploración de esta zona lunar fue protagonizado por la sonda china Chang'e 4, que alunizó en esta región en 2019. Entre los objetos de estudio de esta sonda se encuentran, entre otros, las ondas bajas de radiofrecuencia, los recursos minerales del satélite y el cultivo experimental de algunas hortalizas, como los tomates. ¿Te imaginas comer tomates lunares? Su cultivo nos permitirá disfrutar de un delicioso gazpacho cuando visitemos la Luna como turistas.

En programas espaciales de varios países se incluye la necesidad de instalar instrumentos de observación astronómica en la cara oculta de la Luna, ya que está más protegida que la cara visible de emisiones terrestres que pueden contaminar los resultados de esta observación. 

 

Por ahora, estas son algunas de las cosas más interesantes que se saben sobre la cara oculta de la Luna. Si Galileo hubiese podido convencer a sus coetáneos de la importancia de estudiar los astros, quizá hoy sabríamos mucho más y quizá ya tendríamos una buena cosecha de tomates.


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