¿Cómo hacer un mosaico romano?

Para el siglo II a.C, los mosaicos romanos ganaron bastante terreno en el ámbito artístico de la ciudad de Grecia, a medida que esta población fue conquistando nuevas tierras. A través de este escrito podrá descubrir cómo hacer un mosaico romano con todas sus variantes.

Procedimiento de cómo hacer un mosaico romano

El mosaico romano es una de las tantas manifestaciones artísticas plenamente aceptada por la comunidad urbana de Roma, hasta convertirse en un género artístico de carácter industrial. Su extensión fue satisfactoria, hasta el punto que, cada villa o residencia de este lugar tenía un mosaico en sus instalaciones, dentro y fuera del hogar.

Para los arqueólogos resultaba sencillo hallar estas piezas artísticas en aquel tiempo y en la actualidad, porque Roma conserva un sinfín de réplicas que son valiosas para su estudio. El sitio ideal para que permanezcan intactos es en los museos con un cuidado riguroso de limpieza.

El primer paso para saber cómo hacer un mosaico romano antiguo, es mediante la localización de la tesela, la pieza fundamental que nunca podrá descartarse. La tesela es un vidrio en color terracota con leve textura que asemeja a una piedra. Es un elemento primordial que garantiza resistencia y un colorido atractivo.

La tesela no es un componente independiente, porque su nacimiento es gracias al proceso que sufren las rocas calcáreas hasta convertirse en vidrio terracota. Posee diferentes tamaños y su tratamiento es delicado, para pasar de piedra a cerámica.

El artista utiliza la tesela como la superficie de un puzle, para así asignar una distribución homogénea. Una vez obtenida la tesela y elaborada la superficie, el autor de los mosaicos podrá disponer de cemento para iniciar su trayectoria, hasta lograr un mosaico romano atractivo para la vista.

Variantes técnicas

Para efectos de hacer un mosaico romano no basta solo con pensar en ubicar la tesela, sino además, imaginar cuáles dibujos son los más apropiados, discernir el espacio indicado y su tamaño, para que conjugue con el resto de los elementos a su alrededor. A continuación, algunas modalidades:

Opus vermiculatum: Las piedras a utilizar corresponden a un tamaño muy mínimo. Bastante frecuente en Egipto para decorar zonas arquitectónicas de gran concurrencia. Gracias al tamaño de las piedras, el artista podía dibujar con más calma las curvas o siluetas humanas si era necesario.

Las teselas se colocaban en forma de hilera para dar correspondencia a los contornos humanos. Este mosaico recibe el nombre vermiculus (gusano, proveniente de la lengua latina) gracias a que sus contornos simulaban las líneas de un gusano.

Opus musivum: La producción de estos mosaicos romanos estaban destinados a los grandes murales. Su moda entró en vigencia a partir del siglo III. Por supuesto, es indispensable una cantidad considerable de teselas para su manufactura.

Opus sectile: El tamaño de las piedras pasa a un segundo plano. Esto no quiere decir que su uso también lo sea, porque el autor dispondrá de grandes o pequeñas en la fabricación del mosaico.

Aunado a esto, el artista recortará varias piezas de mármol hasta conformar figuras geométricas que contribuya en el ornato de este producto. En el Palacio Flavio de Roma aún permanecen varios ejemplares del opus sectile, cuyas representaciones están basadas en humanos y animales.

Opus signinum: Antes de describir este mosaico, es necesario puntualizar sobre el término signinum, pues pertenece a Segni, una región italiana muy famosa por la producción de tejas que a la postre formó un polvo rojizo utilizado para los mosaicos. El color rojo o terracota es un común denominador para estas obras decorativas.

La variante musivum al igual que la signinum sirvió de apoyo para construir pavimentos en diversas zonas romanas y de Italia. Es un legado que los mosaicos romanos han dejado a la posteridad, hasta el punto que los arquitectos valoran mucho su permanencia en el mundo entero.

Construcción de pavimentos

Es bien conocido que la producción de mosaicos romanos es en superficies de piedra, con la presencia de la tesela como materia prima. Algunas veces, estas representaciones no tienen un fin específico, sólo el objeto de decorar zonas específicas o fabricar pavimento.

El proceso de pavimentado es similar al de la elaboración de un mosaico romano convencional, porque paulatinamente sus técnicas fueron perfeccionándose a medida que los arquitectos descubrieron la tesela como superficie.

Existieron talleres específicos para plasmar el pavimento con calma. Los cuadros son imaginados por sus creadores como una especie de boceto o bosquejo. Esta etapa de fabricación recibió el nombre de emblema (palabra esdrújula en el vocablo griego “algo que se incrusta en”).

Luego de haber establecido el cuadro preliminar, el procedimiento continúa con la división del mismo y la distribución de los colores. Era indispensable contar con un papiro para segmentar el cuadro, hasta definir cuáles son los colores adecuados para el resultado final.

El papiro también cumple una función de plantilla, sumada al cuadro e incorporación de las teselas. Con estas piedras se seguía un patrón especial para que el dibujo fuera lo más simétrico posible, con similitudes a las figuras geométricas conocidas. Todas las teselas permanecen juntadas al papiro.

Es importante resaltar que el cuadro deberá estar firme y bien preparado antes de colocar las teselas, de modo que no exista un desajuste entre la superficie y las plantillas. Esta tarea requiere de mucho profesionalismo y habilidad, porque las teselas podrían complicar la labor si el suelo no es propicio.

El cuadro o superficie de mosaico que servirá de pavimento tendrá que ser horizontal en su plenitud, con inclinaciones casi imperceptibles. Tales proporciones servirán para que el agua depositada caiga en las alcantarillas u orificios ubicados en puntos estratégicos de la calle.

Además de horizontal, deberá presentar una firmeza impecable para la circulación de vehículos y personal. Si una tesela simple está mal posicionada, todo el trabajo de construcción se vendría abajo, pues la asimetría no permitirá una circulación uniforme del agua o medios de transporte.

El mosaico de Alejandro Magno ubicado en Pompeya es un gran ejemplo de cómo fabricar pavimento en base de estos mosaicos, gracias a que sus teselas estaban bien ubicadas, con utilización de polvo de teja y mortero combinado con trozos de carbón.

 


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