Aventuras de Martín el científico (IV) Fotosíntesis

La maestra de Martín le había dicho a su clase que todos se turnarían para cuidar de la pequeña planta del salón. Para eso tenían que tener en cuenta el proceso de la fotosíntesis. Por fin, había llegado el turno del niño.

Cuando Martín llegó a su casa con la planta, repasó el proceso con su papá.

— La maestra dijo que las hojas son como la cocina del alimento de las plantas porque a través de ellas fabrican el alimento que necesitan para vivir.

— Eso está muy bien, hijo, pero para eso las hojas necesitan de ciertos ingredientes — explicó su padre.

— ¿Cómo cuales?

— Por las raíces, absorben el agua y nutrientes que provienen de la tierra. Todo esto sube por tubos muy finos que están dentro del tallo. Ahora sí es hora de la fotosíntesis.

— ¡Ahí las hojas toman aire por unos orificios muy pequeños! — exclamó Martín,

— ¡Así es! — asintió su papá.

Luego de esta conversación, Martín dejó la planta en el jardín. Sin embargo, después de dos días, sus hojas comenzaron a secarse.

— ¡Papá! ¿Qué le pasó a la planta? ¿Está enferma? — preguntó preocupado.

Su padre observó un momento a la planta y la llevó junto a la ventana de la sala.

— No, tranquilo Martín, la planta va a estar bien. Lo que pasó fue que últimamente hace mucho calor y te olvidaste de regarla.

— ¿Cada cuánto hay que regar una planta?

— Depende mucho de su especie, pero por lo general si están en macetas y no pueden obtenerla por su cuenta una vez al día.

— ¡A menos que sea un cactus! — dijo Martín.

— Exacto.

Ahora que Martín conocía mejor cómo cuidar de la planta, pudo hacer que sus hojas volvieran a tener un verde brillante y devolverla a su salón sana y salva.


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