18 de Junio de 1178, en Canterbury (Inglaterra) cinco monjes divisan en la Luna la posible colisión de un meteorito.

Tal día como hoy (18 de Junio) de 1178, en Canterbury (Inglaterra) cinco monjes divisan en la Luna la posible colisión de un meteorito.
      

 Según el testimonio de los monjes de Canterbury, recogido por el cronista Gervasio de Canterbury:

“Desde el punto medio de la división [de la Luna] surgió una antorcha llameante, escupiendo, hasta una distancia considerable, fuego, ascuas calientes y chispas […]. La Luna se estremeció como una serpiente herida. Después recuperó su aspecto corriente. Este fenómeno se repitió una docena de veces o más […]. Después, tras estas transformaciones, la Luna de cuerno a cuerno […] adoptó una apariencia negruzca.”
      
¿qué es lo que vieron estos monjes en el cielo?
Hay dos teorías.
     
La primera explicación que viene a la cabeza es que estos monjes presenciaron el impacto de un gran meteorito sobre la superficie lunar. Como un impacto de esta magnitud habría producido un cráter de un tamaño considerable, un par de estudios de 1970 se propusieron encontrar la marca dejada por la colisión y llegaron a identificar lo que creían que era un potencial candidato: un cráter de 22 kilómetros de diámetro apodado Giordano Bruno que se encuentra en la cara oculta de la Luna.
      
Pero un evento de estas características habría sido presenciado por todo el mundo y habría sido espectacular, pero, pese a todo, no existe ningún registro de la época que describa algo así.
        
La sonda SELENE, de la Agencia Espacial Japonesa, tomara fotos de alta resolución de los alrededores de Giordano Bruno. Un estudio de 2010 llegó a la conclusión de que el cráter en cuestión se formó hace entre 1 y 10 millones de años, mucho antes de la época medieval.
     
Por tanto, ¿qué pudo pasar?
     
La explicación más razonable es que lo que los monjes vieron no fue el impacto de un gran objeto con la superficie lunar, sino un fragmento de material espacial mucho más pequeño que se desmenuzó en varios pedazos mientras pasaba a través de la atmósfera terrestre (lo que en astronomía se llama «bólido», que, esencialmente, es una estrella fugaz muy luminosa).
      
Los monjes se habrían encontrado en la posición adecuada para que, desde su punto de vista, el bólido se desintegrara al pasar frente a la silueta de la Luna, dando la impresión de que nuestro satélite se estaba comportando de manera muy extraña. La desintegración del bólido en varios fragmentos explicaría el ir y venir del «fuego y las chispas» y la impresión de que la Luna se «retorció» podría ser un resultado de las explosiones del meteorito. Además, el polvo en suspensión generado por la desintegración del bólido también explicaría que la Luna se «ennegreciera» tras el evento.
      
Como curiosidad preguntarse que ¿Podemos estar absolutamente seguros de que lo que vieron los monjes fue la desintegración de un bólido en la atmósfera terrestre? Probablemente no, porque, al ser los únicos testigos de los que tenemos constancia, no existe ninguna manera de comprobar cómo de preciso es el relato su relato. Los monjes podrían haber omitido detalles que no consideraron importantes o exagerado los que les impactaron más, por lo que la explicación del bólido es susceptible de ser descartada y sustituida por otra si en el futuro llegan a descubrirse otros testimonios de la época. 
     
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- ¡mira! ¡mira!
- ¿el qué?
- ¡la Luna!
- ¡oh!
- ¡ah!
- ¡eh!
- ¿que es eso?
- ¿será un meteorito?
- ¿será una explosión de un volcán?
- ¿será superman?
- ¿como? ¿superman?
- ¿eh?, si... ¿será superman?
- pero... ¿quien es superman?
- pues, no sé... me ha salido así...
- creo que deberías confesarte y hacer penitencia durante una semana
- vale, vale... pero puedo seguir mirando la Luna
- si
- ¡oh! ¡mira!
- ¡ah!
- ¡eeeehhhhh!

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