Benjamin Franklin: la vida del científico y sus inventos

Nadie debería dudar de que en los libros se encuentran el saber y el conocimiento. Cualquiera puede convertirse en una eminencia, siempre que disponga de un poco de voluntad y de muchos libros.

Este es el caso de Benjamin Franklin: tuvo que dejar de estudiar siendo muy niño, lo que no le impidió convertirse en un afamado científico y en un ingenioso inventor. Conozcamos la apasionante vida de Benjamin Franklin y sus inventos.

Benjamin Franklin: biografía

Benjamin Franklin nació en Boston, la capital del estado de Massachusetts (Estados Unidos de América), el 17 de enero de 1706. Dejó la escuela a los 10 años para ayudar en la imprenta de su hermano.

Con solo 17 años, Franklin se trasladó a Filadelfia, en el estado de Pennsylvania, trabajando ya como impresor. Su publicación más popular fue el Poor Richard’s Almanack.

Ese almanaque incluía dichos y versos redactados por el propio Franklin. Uno de los más conocidos es «acostarse temprano y levantarse temprano, hace al hombre rico, sabio y sano».

Una versión laica del famoso refrán cristiano que dice que «a quien madruga, Dios le ayuda». Suponemos que los dormilones no estarán muy de acuerdo ni con Franklin ni con el refrán.

Benjamin Franklin fue un autodidacta y se convirtió con el paso de los años en un gran pensador, científico e inventor. Además, llegó a ser un respetado líder político en los años previos a la Revolución Americana; es conocida su posición en favor de la abolición de la esclavitud.

Como político, Franklin fue el impulsor de numerosos servicios públicos en Filadelfia, entre ellos el departamento de bomberos, un hospital y una biblioteca. También fundó un colegio que posteriormente se convertiría en la Universidad de Pensilvania.

En 1775, Estados Unidos aún era una colonia británica pero ya se preparaba la guerra contra Gran Bretaña. Benjamin Franklin fue uno de los políticos que redactaron la Declaración de Independencia norteamericana.

En 1776 viajó a Francia en busca de ayuda para la Revolución Americana y en 1787 firmó la Constitución, el germen de la nación que actualmente conocemos como Estados Unidos de América.

En sus últimos años escribió su autobiografía, y falleció en Filadelfia el 17 de abril de 1790.

Descubrimientos e inventos de Benjamin Franklin

Los inventos de Benjamin Franklin han contribuido a convertir en una leyenda a este insigne político norteamericano. Todos ellos siguen utilizándose hoy en día, más o menos evolucionados:

El pararrayos

La obsesión de Benjamin Franklin con la electricidad culminó con la invención del pararrayos.

Observando las tormentas en las que caían rayos, Franklin llegó a suponer que el origen de estos era de naturaleza eléctrica.

Con la intención de demostrar esta teoría, realizó una serie de experimentos. Uno de ellos consistió en atar a una cometa una barra de metal puntiaguda y elevarla al cielo en medio de una tormenta. Al final del hilo de la cometa estaba sujeta una llave metálica que tocaba tierra.

Efectivamente, los rayos caían sobre la punta metálica de la cometa, electrizando la llave que estaba en tierra. Este es el origen del pararrayos, un dispositivo de seguridad que hoy es considerado imprescindible.

Y lo cierto es que, con los conocimientos de hoy en día, existe coincidencia en señalar que, dado lo arriesgado del experimento de Franklin, lo raro es que nadie resultara chamuscado en el lance.

Las aletas de natación

Franklin tenía solo 11 años cuando inventó unas aletas de natación para las manos: consistían en dos piezas de madera que proporcionaban un impulso extra en el agua. También probó aletas para los pies, pero no le parecieron tan eficaces.

El invento está documentado y comentado en un ensayo titulado Sobre el arte de nadar, escrito por el propio Franklin.

La armónica

Así se refería Franklin al instrumento musical que diseñó en 1761:  «De todos mis inventos, la armónica de cristal es el que más satisfacción personal me ha dado».

La armónica sigue siendo un emblema de la música tradicional norteamericana, y su uso se ha extendido por gran parte del planeta.

La estufa de Franklin

En 1742, Franklin inventó una nueva forma de calentar las habitaciones de las casas. La estufa Franklin era un hogar revestido de metal, diseñado para situarse a pocos centímetros de la chimenea.

Un deflector hueco en la parte trasera permitía que el calor del fuego se mezclara con el aire más rápidamente, y un sifón invertido ayudaba a extraer más calor, produciendo menos humo que una chimenea tradicional.

Este tipo de estufas siguen usándose hoy en día y las actuales cocinas de carbón están basadas en el sistema deflector ideado por Franklin.

Las lentes bifocales

Franklin era miope, es decir, veía mal de lejos pero bien de cerca. Con la edad comenzó a sufrir de presbicia, lo que también le impedía la visión cercana.

Cansado de alternar entre dos pares de gafas, unas para ver de cerca y otras para ver de lejos, inventó las lentes dobles que ahora llamamos bifocales y que son las precursoras de las sofisticadas gafas progresivas.

El catéter urinario

En 1752, Benjamin Franklin observó los sufrimientos de su hermano, enfermo del riñón, cuando tenía que someterse a tratamientos e intervenciones.

Los catéteres de la época eran unos tubos metálicos totalmente rígidos que producían enormes dolores en los pacientes.

Franklin ideó un catéter flexible que un orfebre fabricó uniendo segmentos de tubos articulados. Envió el instrumento a su hermano y los resultados fueron tan buenos que su uso se generalizó rápidamente.

 

Como hemos visto, Benjamin Franklin y sus inventos son la prueba de que la principal virtud de un ingeniero es tener ingenio. Así que si tú lo tienes, nuestro consejo es que te dejes llevar por él. Quizá algún día uno de tus inventos llegue a ser considerado una herramienta de uso imprescindible, como le sucedió a Franklin.

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